Las primeras palabras que usa Marcos (la comunidad) para presentar este texto (recordado, vivido, celebrado, aprendido en la existencia) es una especie de título, cuya primera palabra me recuerda a mi amigo y hermano Antonio sj (DEP). En su memoria retomo esta meditación personal dos décadas después de que nos empleásemos juvenilmente en esta misma tarea. Él, que ya está con el Padre, acompañe este tiempo y dedicación.
La lectura individual del Evangelio, su estudio particular, es una ampliación de las posibilidades que todo libro ofrece. Pero vuelvo a insistir en que no es su lugar propio, ni natural, ni original. Y dudo mucho de que, desde este lugar en el que me encuentro, se pueda decir algo mayor que lo que acontece en su proclamación y escucha en la comunidad cristiana. Entiendo, por tanto, que el desarrollo inspirado en forma de recopilación de palabras y hechos de su vida tiene una función didáctica, pero lo fundamental será la convivencia con el Resucitado, con el Señor vivo y revelado, cuyo Espíritu empuja a la filiación con el Padre.
Ἀρχὴ τοῦ εὐαγγελίου Ἰησοῦ Χριστοῦ [υἱοῦ θεοῦ].
La palabra primera tiene un recorrido enormemente denso. Pone de manifiesto un acontecimiento temporal (ese es el uso que recibe en los otros dos momentos en los que Marcos la usa en el evangelio) en paralelo con la creación. Por tanto, novedad venida de Dios. Que posteriormente, quizá, se pueda estudiar en la amplitud del misterio de la Encarnación. Junto a ella, con su poder, con su capacidad, con su fuerza y energía, la segunda palabra en genitivo alude a algo muy propio en el modo de presentar la comunidad cristiana el mensaje recibido de Dios: buena noticia. Su recorrido, igualmente inmenso y que soy incapaz de rastrear, refiere todo el contenido del mensaje a Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Salvador. La selección de palabras, cuidada, exigen ya involucrarse en lo que la comunidad cristiana está viviendo: el mensaje es Jesús, la buena noticia es su vida, que refiere a una forma de humanidad (salvación), a una misión anunciada y ahora cumplida (Cristo) y a una peculiar vivencia y manifestación del misterio de Dios en relación de filiación, por tanto de paternidad de Dios. Lo cual, unido y condensado de semejante modo, anuncia que la incorporación a la novedad de Cristo a través de esta buena noticia (que es el evangelio) será salvífica y definitiva en la historia. "Arché" (nunca he sabido cómo transcribir esta palabra, con todas las opciones que hay) es plenitud y no se inscribe tanto en el tiempo cronológico como el acontecimiento último de la historia de la salvación que ahora se inicia. En Jesús se inicia la salvación y es culmen de la salvación.
Diría que hay tres relaciones. Por un lado, con la humanidad entera a través del nombre de Jesús. Por otro, con el pueblo de Israel en cuanto Jesús es el Cristo esperado, lo cual será motivo de muchas disputas y cercanías. Por último, en relación con Dios se explica la singularidad de su humanidad y el cumplimiento de la promesa realizada al pueblo, en una forma extraordinariamente original y "contracultural" en su tiempo. Lo estudiaré con más cuidado próximamente, pero el título "Hijo de Dios" no es desconocido en su tiempo, ni por las culturas del momento más potentes. Al contrario, se diría que algunos han usado y conquistado ese título y se han servido de él para someter a pueblos enteros a su gloria y grandeza. De ahí que el "Hijo de Dios" se vaya a manifestar no solo en la mediación del mesianismo, sino en el escándalo del servicio, del sacrificio y de la entrega de la humanidad a la que pertenece como víctima de reconciliación y redención.
En relación a cómo se ha hecho de este inicio un símbolo en el "pez", usando el nombre como acróstico, hay mucho dicho. Es curioso. Refleja la creatividad de la comunidad cristiana en los orígenes. En un tiempo en el que hablar entre ellos era más comunitario que público. Y que hablar en público era usar la palabra con prudencia y valentía.
5 de febrero de 2022
Efectivamente, hay un descentramiento. No es tanto el evangelio de Marcos, como decimos hoy, como de Jesús Cristo. El genitivo de posesión o de origen. Probablemente en ambas. A diferencia de cómo lo leemos hoy, que intentamos ver en él muchas veces la mano de un autor humano, el mismo Marcos hace referencia más allá de sí mismo y de su comunidad, para centrar la mirada en el auténtico origen.
6 de febrero de 2022
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