lunes, 14 de junio de 2021

Sed perfectos (Mt 5,43)

Esta es una de las páginas cruciales del Evangelio. No sé si se puede decir de otro modo, pero está claro y es nítido. Hasta tal punto el amor es lo único importante, la revelación de Dios mismo. Hasta tal extremo llega su libertad con la persona a la hora de darse a conocer a sí mismo y este es el grado de fe que se vive cuando se cree en Dios. Pero no creamos, como cristianos, que esto es tan exclusivo, original y propio. Porque muchos antes habían llegado a conclusiones parecidas. La diferencia está en encontrarlo como Revelación, como Dios dándose a conocer y pidiendo esta fe. Me parece que es el marco de lectura propio de la Biblia. No el ético, sino el teologal. 

Siempre me ha resultado curioso, muy curioso, el emparejamiento que se hace al final entre amor y saludo. No sé si le quita tensión o la añade. Una forma de amor, sin lugar a dudas, es la del saludo. Que en este mundo, como bien sabemos, es el deseo de paz para el otro. Pienso que hay una anticipación aquí, para que el otro no llegue a ser enemigo. Una prevención, si se quiere. Un obrar bien antes de tiempo, no dejando hueco al mal y a la lejanía absoluta, a la total indiferencia. Saludar es algo tan cotidiano y tan concreto que quién puede negarse a vivirlo como imposible. Sin embargo, ahí queda como reto permanente. No esperar el saludo, siempre darlo de corazón, amando al otro, reconociéndole, diferenciándole de las cosas con las que no se habla, mediando palabra, simpatía y ternura. El saludo fraterniza. Al menos en esto, ¿no podremos ser perfectos como el Padre es perfecto?



Mateo (5,43-48)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»



domingo, 13 de junio de 2021

No resistáis al mal (Mt 5,39)

Tan breve como contundente, siempre surge la pregunta: ¿Esto hay que hacerlo así o no? ¿Así es como se "supera" el "ojo por ojo", dando "los dos ojos"? ¿Se trata de "una actitud", sin más? ¿No es un poco fuerte? 

El esquema es conocido. De la Ley a la Plenitud de la Ley. No es la corrección de la Ley, sino la Ley misma cumplida, cuando deja de ser Ley y se hace Vida. No resistir al mal y sufrirlo es una forma demostrada del Bien Absoluto, allí donde el mal ya no tiene ni fuerza ni poder, es decir, de su victoria. No es "dejar al mal actuar", se trata de vencerlo con bien, con un acto de generosidad extrema y sin paliativos. A la bofetada, poner otra vez la cara. Al robo, dar. Al que me lleva por su camino, acompañarlo más. El doble, la desmesura. La desproporción indicada en la proporción del don reparador. A lo hecho por el mal, lo hecho al modo divino. 

Y aquí no hay nadie que diga una cosa u otra, no es un debate ni una conversación. Son acciones. Y las acciones se sufren y duelen. Y mucho. ¿Nos romperán cuando las vivimos? ¿Nos torcerán? ¿Nos veremos como "menos" de lo que éramos? ¿Cambiará nuestra opinión sobre Dios, la vida, el prójimo y uno mismo? ¿O seguiremos estando donde estábamos? Esta es la cuestión. No convertirse en lo mismo, no pagar con la misma moneda e igualarse por tanto, bajo ningún concepto. Porque así actúan estas justicias, que no van de la mano de Dios y la necesaria sanación de la Vida. 

Del modo antiguo, no hay ninguna novedad, no hay nada inesperado. El que mata, roba o exige sabrá que los otros son iguales a él, y que le esperará lo mismo que él está haciendo si los otros tienen oportunidad. Y pensará igual respecto del Dios que alaban. Que hará como ellos hacen. 

Salvo que se encuentre con el Cristo. Entonces el mal será vencido. Es más, se habrá mostrado su Verdad y su Poder. En la Cruz. Sin duda, en la Cruz. 






sábado, 5 de junio de 2021

Esa pobre viuda (Mc 12,38-44)

Personalmente, encuentro en esta pobre viuda una clave fundamental de lectura de todo el Evangelio. ¿Qué es vivir el Evangelio? Esto. Estar en el Templo y no necesitar nada más. Vivir en la cercanía del Dios distante. Saber de las heridas de la vida. Resistir en la intemperie. No dejar de pensar en otros jamás, pase lo que pase. Encontrar en Dios asilo y protección. Pasar por Dios la historia y esperar de Él. Pertenecer a una comunidad sufriente. Identificarse con los últimos. 

Movido por la curiosidad leí en su momento una exégesis de este breve texto, que lo separaba de todo lo anterior, lo dejaba suelto con valor por sí mismo. Lo cual me pareció de una gran delicadeza. Con la intención de fijarse en la pobre viuda por sí misma y no solo como apelación o crítica a todo lo demás. Dándole valor absoluto por tanto a su gesto. 

El estudio, como es normal, se preguntaba en qué lugar depositó esa mujer "todo lo que tenía para vivir". No es una exageración, sino la realidad de millones y millones de personas. Dos monedas, que puede parecer poco, es lo que todavía hoy da de comer y poco más a muchísimas familias. El caso es que me dio a entender que era el lugar en el que se recogía limosna precisamente para pobres y viudas. Y comprendí esta entrega comunitaria, de quien pone en común todo lo que tiene. Hoy ha sido así. Mañana puede ser de otra manera. Pero era una cuestión comunitaria, que unía a esta mujer con otras mujeres en su misma situación. Y que, además, "hacía pasar por Dios" lo que logró aquel día, a la espera de recibir del Templo lo que le correspondía. 

Esto es la anticipación del cristianismo, contado desde la resurrección. Por eso está en el Evangelio escrito y resaltado. Signos en otros de la presencia misma de Dios que Jesús llevará a plenitud con él. Y aquí es donde me da igual si lo vio directamente o no, porque Dios sabe lo que hay en cada corazón. Jesús sentado contempla los que van y los que vienen, está presente incluso sin ser percibido. 



Marcos (12,38-44):

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.
Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Evangelio de Marcos. Dia 5. (Mc 1,6)

Parece que la ropa y forma de vestir importa. Es carta de presentación en este caso. Lo suficientemente simbólica como para que los que debe...