miércoles, 26 de mayo de 2021

Subiendo a Jerusalén (Mc 10,32)

Hay que leer el texto entero, pero si se lee hasta el final que no se olvide el principio. Qué detalle tan hermoso, descriptivo. Qué narración tan precisa y significativa. Allí donde van unos y en qué termina, una vez más el diálogo y la orientación definitiva de la vida. Allí donde caminan parece que está claro. Hasta el punto de que son capaces de ponerle nombre: Jerusalén. Van hacia Jerusalén, se dirigen allí. Encaminar, en español. Pero de un modo más cuidado, van subiendo. Se pone costoso el trecho. En lo físico, sin duda. En lo espiritual, también. Marcos no lo olvida. Y Jesús se les adelantaba, les sobrepasaba. Configurando así una imagen para la memoria: el pastor con su rebaño. Y con un énfasis de fortaleza, de voluntad, de entrega y de sacrificio. Iba delante. Jesús marca por tanto el ritmo. En esta situación unos se extrañan y otros viven miedo. Como si ya no supieran por qué van donde van y solo estén siguiendo a Jesús. En ese contexto, Jesús toma a los discípulos y los separa del grupo general, para hablar con ellos y explicarles lo que todos parece que ya saben, aunque han perdido el horizonte y el motivo de vista. Lo cual hace de golpe más misterioso a Jesús, no solo sus palabras. 

Pensaba esta mañana en el coche, llegando ya al colegio para la primera clase, que en ocasiones pensamos que los cristianos hoy haremos mejor que Jesús lo que él vino a hacer al mundo, y tendremos más éxito, el evangelio se acogerá mejor, se aplaudirá nuestra labor y todo lo demás, que en el fondo escucho muchas veces cuando algunos cristianos hablan de lo que hacen. Salvo por un detalle, que es precisamente este Evangelio: dar la vida, morir por otro, entregarse perdonando, asumiendo la Cruz sin abrir distancia, frenando todo mal y devolviendo amor en el corazón herido por odio y sinsentido. Que es, en cierto modo, lo que viven los discípulos hoy y lo que responde Jesús. 

Anoto que me duele la mezcla de poder y cristianismo, todavía presente. Aunque siempre que la recuerdo y me entristece, me viene rápidamente a la memoria del corazón la parábola el trigo y la cizaña. Apelación escatológica fácil, dirán algunos, porque introduzco una reserva en lo que conozco aludiendo a que Dios lo conoce todo. Y siempre repito lo mismo, con esta reserva hay más confianza y esperanza de lo que parece, y para nada me lavo las manos y miro para otro lado. 

Marcos (10,32-45):

En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban, y los que seguían iban asustados.
Él tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.»
Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»
Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»
Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»
Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»
Contestaron: «Lo somos.»
Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo; está ya reservado.»
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

Palabra del Señor



martes, 25 de mayo de 2021

Lo hemos dejado todo (Mc 10,28)

Este texto suele leerse en clave de recompensa. Pedro toma conciencia de su situación y se la expone a Jesús, que responde con la generosidad propia de Dios, con su sobreabundancia. El ciento por uno trasladado a una esperanza escatológica irrealizable mundanamente, imposible de comprender. Una renovación de la promesa abrahámica en claves paralelas: fecundidad (relaciones vinculantes, familiares, parentescos, pertenencias) y tierra (posesión, seguridad, descanso, paraíso, entorno). La alusión a las "persecuciones" incrementa la tensión entre la realización y cumplimiento, con la esperada victoria comprendida como éxito en las claves de las que dispone para interpretarlo.

Sin embargo, diría que hay algo más. La respuesta de Jesús, en este pequeño diálogo, como entre el discípulo y el maestro, pone en primer plano la cortedad de miras en la que todavía está instalado Pedro. La grandeza de haberlo dejado todo queda en nada en comparación con lo recibido, que parece que todavía Pedro no percibe, ni comprende, ni vive. Es decir, Pedro está aún a las puertas. Y las palabras de Jesús son, con su futuro, confirmación de lo que ya hay y no una mera indicación que posterga el Reino y su inmensidad. Con todo, y de algún modo, solo sobre el trasfondo escatológico de la vida eterna -no de la muerte- esta palabra adquiere plenitud de sentido y vida presente.  


Marcos (10,28-31):

EN aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».



lunes, 24 de mayo de 2021

Arrepentimiento y esperanza (Eclo 17,24)

El arrepentimiento no es un tema más. No es esto que tantas veces pensamos sobre algo que no lo volvería a hacer y que lo haría mejor -se piensa- si recibiera una nueva oportunidad. No puede tratar simplemente de esa cosilla. Para que se dé una conversión tal que haya un auténtico y verdadero regreso, una vuelta total y en serio, una auténtica conversión, se debe haber probado antes lo que jamás se desearía volver a probar y de haber hecho lo que jamás se desearía volver a hacer. No es solo un tema de cálculo, no es una escala de sumas y restas en la que se podía haber logrado algo más. Se trata con la experiencia de arrepentimiento cuando, a la luz de la verdad, se desea ser y no que nos cambien por otro, o nos retoquen un poco aquí la historia y otro poco allá. Arrepentirse es querer la vida, es amar a Dios con el alma incapaz de lograrlo por sí misma, querer amar al prójimo en toda circunstancia cargando con la propia debilidad. Por eso, arrepentirse es volver a la esperanza. 

Es crucial verlo como Dios lo ve, no con otros ojos, aplanando la posibilidad de regreso. Es importantísimo que sea Dios y solo Dios. Sin regresar a ningún pasado para cambiar no sé qué. Sino dejarlo en sus manos. Sin crearnos nosotros ese nuevo mundo imaginario en el que todo irá a nuestro gusto consumidor y con nuestras chatas bagatelas. Sino dejarlo en sus manos. Que Dios sea, en Cristo, el alfa que da comienzo a todo y la omega que todo lo dirige hacia su plenitud. Es decir, verdadero y buen arrepentimiento, absoluta y libre esperanza. 

Eclo 17,24
Además, a los que se arrepienten les concede la vuelta
y consuela a los que pierden la esperanza.



domingo, 16 de mayo de 2021

Sobre este blog

Ya sé que hay muchos espacios digitales sobre la Biblia, sobre el Evangelio. Este es simplemente el mío y mi responsabilidad. Durante años he cultivado mi amor por Dios en la Escritura. He querido estudiarla, rezarla. Me ha encontrado más veces de las imaginadas. 
Recuerdo con pasión y frescura el día en el que comenzó a ser luz y muchos de los textos que, al principio, me tocaron fuertemente y siguen despertando en mí una llamada, una bondad y un sentido difícilmente descriptibles, aunque sin duda muy comunes y compartidos. Era un joven adolescente que buscaba y buscaba, y cuanto más buscaba más quería seguir buscando y viviendo, porque el tesoro descubierto es inmenso. He conocido a Dios en ella, al Padre, al Hijo y al Espíritu. He encontrado su familia, que es la Iglesia. 
Simplemente eso, un cuaderno sobre la Escritura, que más que leerla y releerla he querido siempre escuchar y escuchar a Dios en ella, entrar en diálogo fecundo con Dios, guardarla en el corazón como María y dejarme hacer por ella. 

Evangelio de Marcos. Dia 5. (Mc 1,6)

Parece que la ropa y forma de vestir importa. Es carta de presentación en este caso. Lo suficientemente simbólica como para que los que debe...