Ya sé que hay muchos espacios digitales sobre la Biblia, sobre el Evangelio. Este es simplemente el mío y mi responsabilidad. Durante años he cultivado mi amor por Dios en la Escritura. He querido estudiarla, rezarla. Me ha encontrado más veces de las imaginadas.
Recuerdo con pasión y frescura el día en el que comenzó a ser luz y muchos de los textos que, al principio, me tocaron fuertemente y siguen despertando en mí una llamada, una bondad y un sentido difícilmente descriptibles, aunque sin duda muy comunes y compartidos. Era un joven adolescente que buscaba y buscaba, y cuanto más buscaba más quería seguir buscando y viviendo, porque el tesoro descubierto es inmenso. He conocido a Dios en ella, al Padre, al Hijo y al Espíritu. He encontrado su familia, que es la Iglesia.
Simplemente eso, un cuaderno sobre la Escritura, que más que leerla y releerla he querido siempre escuchar y escuchar a Dios en ella, entrar en diálogo fecundo con Dios, guardarla en el corazón como María y dejarme hacer por ella.
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