Hay que leer el texto entero, pero si se lee hasta el final que no se olvide el principio. Qué detalle tan hermoso, descriptivo. Qué narración tan precisa y significativa. Allí donde van unos y en qué termina, una vez más el diálogo y la orientación definitiva de la vida. Allí donde caminan parece que está claro. Hasta el punto de que son capaces de ponerle nombre: Jerusalén. Van hacia Jerusalén, se dirigen allí. Encaminar, en español. Pero de un modo más cuidado, van subiendo. Se pone costoso el trecho. En lo físico, sin duda. En lo espiritual, también. Marcos no lo olvida. Y Jesús se les adelantaba, les sobrepasaba. Configurando así una imagen para la memoria: el pastor con su rebaño. Y con un énfasis de fortaleza, de voluntad, de entrega y de sacrificio. Iba delante. Jesús marca por tanto el ritmo. En esta situación unos se extrañan y otros viven miedo. Como si ya no supieran por qué van donde van y solo estén siguiendo a Jesús. En ese contexto, Jesús toma a los discípulos y los separa del grupo general, para hablar con ellos y explicarles lo que todos parece que ya saben, aunque han perdido el horizonte y el motivo de vista. Lo cual hace de golpe más misterioso a Jesús, no solo sus palabras.
Pensaba esta mañana en el coche, llegando ya al colegio para la primera clase, que en ocasiones pensamos que los cristianos hoy haremos mejor que Jesús lo que él vino a hacer al mundo, y tendremos más éxito, el evangelio se acogerá mejor, se aplaudirá nuestra labor y todo lo demás, que en el fondo escucho muchas veces cuando algunos cristianos hablan de lo que hacen. Salvo por un detalle, que es precisamente este Evangelio: dar la vida, morir por otro, entregarse perdonando, asumiendo la Cruz sin abrir distancia, frenando todo mal y devolviendo amor en el corazón herido por odio y sinsentido. Que es, en cierto modo, lo que viven los discípulos hoy y lo que responde Jesús.
Anoto que me duele la mezcla de poder y cristianismo, todavía presente. Aunque siempre que la recuerdo y me entristece, me viene rápidamente a la memoria del corazón la parábola el trigo y la cizaña. Apelación escatológica fácil, dirán algunos, porque introduzco una reserva en lo que conozco aludiendo a que Dios lo conoce todo. Y siempre repito lo mismo, con esta reserva hay más confianza y esperanza de lo que parece, y para nada me lavo las manos y miro para otro lado.
Marcos (10,32-45):
